
En nuestra universidad, el ex-Instituto Pedagógico, se entabló desde finales de los años 90’ un fuerte debate sobre los modos de ejercer la democracia y la participación estudiantil. La discusión estuvo marcada por la diferenciación entre dos modelos de democracia; una “representativa”, y otra “directa”. Se llamó representativa, en este caso, a la democracia tradicional y al sistema de partidos, pero además a las grandes federaciones que funcionaban con una mesa directiva, un parlamento, una instancia informativa y resolutiva general abierta (tradicionalmente llamado “pleno”), consejeros y centros de estudiantes. Como resultado de este debate, los estudiantes de nuestra universidad implementaron, más o menos paulatinamente, el modelo que se le opuso a la llamada “democracia representativa”; la “democracia directa”. En reemplazo al aparataje federativo se instauró un sistema de asambleas y vocerías que partían desde las carreras, pasando por las facultades hasta llegar a una instancia denominada “consejo FEP” que la integraban los voceros de cada carrera, y la “asamblea general” que se suponía debía reunir a todos los estudiantes en pleno. Sin embargo, esta orgánica padeció de dos falencias que la llevaron al fracaso: un asambleísmo feroz y una reducción de todo trabajo político al trabajo asambleario, abriéndose el estudiantado a un rechazo a los partidos y las organizaciones políticas absolutamente injustificado y erróneo, toda vez que es un derecho agruparse en partidos para defender posiciones políticas colectivas.
Pensamos que el fracaso de la actual “democracia directa” se debe a esta errónea concepción de la democracia como la oposición entre lo “vertical” y lo “horizontal”. En realidad, cualquier democracia debe garantizar la participación directa de todos quienes se sientan parte de la comunidad, o de la “ciudad”, y debe otorgar representatividad a esas partes que están, generalmente, en desacuerdo. Además, debe tener espacios horizontales, y cierta efectividad vertical para responder a las urgencias políticas. Una federación que cumpla con esos requisitos es una tarea real y urgente de todos los estudiantes del Pedagógico. Tal fue, a nuestros ojos, la federación que, desde antes del golpe militar y hasta los años noventa, sacó a miles de sus hijos a la calle a luchar contra las injusticias y desigualdades del capitalismo.
Pensamos que el fracaso de la actual “democracia directa” se debe a esta errónea concepción de la democracia como la oposición entre lo “vertical” y lo “horizontal”. En realidad, cualquier democracia debe garantizar la participación directa de todos quienes se sientan parte de la comunidad, o de la “ciudad”, y debe otorgar representatividad a esas partes que están, generalmente, en desacuerdo. Además, debe tener espacios horizontales, y cierta efectividad vertical para responder a las urgencias políticas. Una federación que cumpla con esos requisitos es una tarea real y urgente de todos los estudiantes del Pedagógico. Tal fue, a nuestros ojos, la federación que, desde antes del golpe militar y hasta los años noventa, sacó a miles de sus hijos a la calle a luchar contra las injusticias y desigualdades del capitalismo.

Son terrible charchas jiles culiaos
ResponderEliminar