martes, 13 de julio de 2010

Respuesta de las JJ.CC. a la solicitud de tregua por parte del Ministro de Educación;Joaquín Lavin Infante

El ministro ha llamado hoy a los distintos sectores políticos a realizar una tregua para aprobar la reforma a la educación pública que su ministerio encabeza.


Desde las Juventudes Comunistas señalamos que nos llama profundamente la atención

la solicitud hecha por el ministro, sobre todo por el uso del concepto “tregua”, haciendo alusión a un término bélico para ilustrar el estado actual en el campo de la educación.


Sin embargo y a propósito de lo mismo, queremos señalarle al Ministro que la única guerra que se ha comenzado es la que ha impuesto su gobierno con el avance de su agenda neoliberal cuyo fondo es privatizar la educación pública, terminando así con el ya largo ciclo que comenzó durante la Dictadura Militar y en cuyo diseño se encontraron muy involucrados los mentores del actual Ministro.


Nuestra respuesta es categórica: Los Jóvenes Comunistas no cesaremos en nuestra lucha por la educación pública, defenderemos con todas las fuerzas que estén a nuestro alcance nuestras escuelas, liceos y universidades y no permitiremos que la educación en nuestro país siga cayendo en las manos del gran capital como ha venido siendo la tónica en los últimos treinta años.


Queremos asegurarles que no avanzarán ni un centímetro sin encontrarse con nosotros dando dura respuesta y dura batalla ante sus embates, para eso nos estamos

organizando, para eso nos estamos desplegando.


No habrá tregua mientras la derecha nos pida la paz con una mano y con la otra acaricie el filo de su espada. Los jóvenes hemos aprendido de sobra y en las calles que la educación chilena no se vende, ¡se defiende! y estamos resueltos a salir una ves más a esas mismas calles que tanto hemos recorrido y bajo la misma demanda: ¡Educación pública y de calidad para todo el pueblo de Chile!.

Una dictadura y tres gobiernos de la concertación han pasado sin que los jóvenes nos hayamos rendido en esta defensa. Que no pretenda este gobierno que serán ellos los primeros ante quienes flaquearan nuestros brazos o ante quienes bajaremos la mirada.


No estamos dispuestos a entregar tan fácilmente esa dulce manzana.


Sin otro particular nos despedimos saludándolo atentamente,

Juventudes Comunistas de Chile

Comisión Ejecutiva - Dirección Nacional

sábado, 19 de junio de 2010

Los comunistas y la ultraizquierda

Reseña: Este pequeño texto forma parte de un libro editado en 1971 por la editorial Quimantú, escrito por el, en ese momento, futuro premio nacional de literatura Carlos Cerda. El libro estaba dirigido a sistematizar la comprensión del leninismo realizada por el Partido Comunista de Chile. Dicha comprensión fue definida por Carlos Cerda como teoría de la situación política, cosa muy en sintonía con lo que en aquella época se dejaba resentir en la teoría política marxista como “estructuralismo”, corriente fundamentalmente determinada por las tesis del filósofo francés, militante del PCF, Louis Althusser. Fuera de toda disquisición y debate teórico, el libro fue un importante aporte a algunos problemas fundamentales de aquella época, en el campo del debate ideológico. El texto que presentamos aquí forma parte de la segunda sección del libro Los comunistas y la victoria popular que hace un análisis de la política del PCCh por aquella época. Pretendía ser una toma de posición seria y fundamentada frente a grupos como el MIR y sus órganos de acción (FTR, MCP, FER etc.). En lo fundamental, este texto sigue vigente; sus planteamientos más sustanciales, resumidos en el enunciado: “el ultraizquierdismo es el intento de la pequeño-burguesía y las capas medias por dirigir el proceso revolucionario”, siguen absolutamente vigentes. Invitamos a nuestros compañeros y amigos a la revisión de este texto.

Atentamente,

Educación.

Juventudes Comunistas del Pedagógico

LOS COMUNISTAS Y LA ULTRAIZQUIERDA

La incorporación de las capas medias al proceso revolucionario, junto con fortalecer las posiciones del proletariado, entraña peligros derivados del hecho de que tales capas no renuncian al intento de ejercer la dirección de dicho proceso. Se plantea así una disputa por la conducción política entre las posiciones de la clase obrera y las de la pequeña burguesía, con sus dos variantes principales: el reformismo y el aventurerismo “ultraizquierdista”.

No es posible concebir el desarrollo exitoso separado de la necesidad de imponer una orientación proletaria al proceso, orientación que supone la derrota de las dos expresiones políticas de la pequeñoburguesía que hemos señalado. (…)

En esta parte no se pretende un análisis de las posiciones ultraizquierdistas que apunte a cada una de las particularidaddes de su pensamiento para desentrañar de ellas su esencia pequeñoburguesa. (…) Estudiaremos los planteamientos concretos de la ultraizquierda chilena frente a una situación política concreta. (…)

¿Qué posiciones ultraizquierdsitas necesitaban ser derrotadas para posibilitar la victoria del 701 y cuáles deben ser derrotadas para asegurar la victoria definitiva?

En primer lugar, el espíritu anticientífico, voluntarista, para resolver los problemas estratégicos; la definición del carácter de la revolución y la determinación de los enemigos principales.

En segundo lugar, la tendencia a definir un objetivo político inmediato sin tener en cuenta la correlación de fuerzas.

En tercer lugar, la tendencia al terrorismo y a la acción individual.

En cuarto lugar, la afición a lo que Lenin llamaba “la orgía de la frase huera”.

En quinto lugar, la inclinación al oportunismo.

(…)

La tesis mirista de que en Chile está a la orden del día una revolución socialista2 que llevarán adelante la clase obrera y el campesinado, en contra del imperialismo y la oligarquía, pero necesariamente también en contra de la pequeñoburguesía, formada por miles y miles de pequeños y medianos industriales, agricultores y comerciantes, es una tesis que objetivamentetiende al aislamiento de la clase obrera, dificulta sus posibilidades reales de ganar aliados para derrotar al imperialismo y a la oligarquía, y objetivamente también ayuda a estos últimos a mantener bajo su férula política a sectores de la pequeñoburguesía. (…)

Los sectores de ultraizquierda condenaron el entendimiento de los partidos marxistas con fuerzas no marxistas, de los partidos obreros con partidos o movimientos de la pequeña burguesía. Lo hicieron en nombre del “purismo revolucionario” que tantas veces condenara Lenin, pero también porque son incapaces de entender una cuestión elemental: que lo que sirve a los enemigos de la revolución, no sirve a la revolución. Porque era evidente que mientras los comunistas hacían esfuerzos por materializar la unidad popular uniendo en un solo frente a comunistas, socialistas radicales y sectores izquierdistas de la Democracia Cristiana, el imperialismo y los sectores reaccionarios empujaban una concertación de fuerzas para aislar a la clase obrera (…)

Es de la esencia del ultraizquierdistmo, tal como lo señalara Lenin, la tendencia a separar a la clase obrera de sus posibles aliados, a islarla, a creer que la divisa de un revolucionario debe ser “tener un enemigo nuevo cada día” y no “ganar cada día un aliado para la revolución”.

Y esto, en definitiva, es la expresión del “no querer comprender obstinadamente (tal vez fuera más justo decir que no podían comprender) la necesidad de tener en cuenta con estricta objetividad las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas antes de emprender cualquier acción política”.

Los comunistas combaten el ultraizquierdismo precisamente porque entorpece y debilita la lucha contra los enemigos principales y porque dificulta la incorporación, en el cauce revolucionario que abre la clase obrera, de las fuerzas nuevas que es necesario ganar. (…)

Y así como la política de provocaciones se realiza a espaldas de las masas, y muchas veces para lanzarlas a ellas a un enfrentamiento para el que no están preparadas y que se da en el terreno que busca el enemigo, así también la fraseología reaccionaria es la expresión del desprecio a las masas en el terreno de las consignas. Terrorismo, provocación y aventura son en el campo de la acción lo que la “orgía de la frase huera”, es en el campo de la consigna: dos formas inseparables del izquierdismo pequeñoburgués.

La frase3 revolucionaria, en el decir de Lenin, es la repetición de las consignas revolucionarias sin tener en cuenta las circunstancias objetivas en el cambio dado de los acontecimientos, que ocurren en la situación del momento. Consignas magníficas, atrayentes y embriagadoras, pero desprovistas de base: ésa es la esencia de la frase revolucionaria.

(…) La tesis calurosamente sostenida por grupos de ultraizquierda en el sentido de que en nuestro país el choque frontal de las clases sólo está postergado pero es inevitable, y tendrá la forma de un enfrentamiento armado, arranca de esta concepción de que la lucha armada es la forma superior de lucha y que por lo tanto en Chile no puede hablarse de revolución exitosa mientras el movimiento revolucionario no haya alcanzado esta forma de lucha superior. Y de hecho, más que plantear un enfrentamiento armado como inevitable, se plantea este enfrentamiento armado como deseable. (…)

Lo que está claro es que la suerte de la revolución chilena no depende de un futuro mágico, sino que se está definiendo en el enfrentamiento diario. (…)

Esta no es por cierto una lucha contra personas, ni siquiera contra organizaciones: es una lucha de principios en contra de posiciones políticas que hacen daño a la revolución. Aquellos que aprendan la lección que dicta la propia experiencia; aquellos que superen prejuicios anticomunistas que son obra y gracia de la política del imperialismo y que se afincan en la composición de clase de los movimientos que los hacen suyos; aquellos que estén dispuestos a la autocrítica propia de los revolucionarios, deben sumar su disposición revolucionaria al torrente caudaloso de la lucha antiimperialista y antioligárquica que se libra en nuestro país y que abrirá las puertas del futuro socialista.

jueves, 27 de mayo de 2010

La izquierda del Pedagógico y el futuro de nuestra Federación


Han pasado ya más de dos meses desde que entramos a clases. En una cantidad importante de carreras se ha estado produciendo un debate sobre cómo debemos organizarnos, sobre si la FEP de “democracia directa” puede o no servir para enfrentar las luchas estudiantiles que se nos vienen, y sobre los caminos alternativos a la mera organización por Asambleas que demostró no ser fiel a las necesidades más urgentes del estudiantado. Esos debates han producido, también, algunos cambios importantes de perspectiva en algunos departamentos. Avanzando hacia la reconstrucción de una orgánica estudiantil seria, representativa y directa a la vez; participativa, pero también eficaz, democrática y combativa, muchos estudiantes están preguntándose acerca de cómo salir del actual atolladero en el cual nos metió la “democracia directa” sin contrapeso real más allá del griterío de las asambleas generales.


Nuestra opinión en el curso de este debate ha sido bastante clara: nosotros no apostamos, ni apostaremos jamás, por anular los canales de participación estudiantil. Nos interesa, efectivamente, mantener las asambleas, las comisiones de trabajo, en las que se plasme efectivamente la opinión de la totalidad de los estudiantes, opinión generalmente confrontada y en desacuerdo: cosa que, creemos, constituye la esencia de la política. Sin embargo, paralelo a todo este aparato de participación “directa”, creemos que debe haber espacios representativos preparados para enfrentar los momentos de reflujo, para mediar, a su vez, la serie de conflictos que se presentan en la vida política universitaria, para defender los intereses del estudiantado en las negociaciones colectivas, reconstruir y orientar el debate cuando sea necesario. Cuando hablamos de la reconstrucción de la Federación, hablamos de la reconstrucción de ambos espacios: de los espacios o canales de participación “directa”, y su reposicionamiento, y de una mesa o colectivo de representantes escogido democráticamente por todos los estudiantes.


No es por capricho ni por ambición de poder, como piensan ciertos compañeros, que tenemos esta opinión. No aprobamos, como es lógico de parte de una organización que lucha por cambios democráticos y revolucionarios, la lógica de las personalidades que coptan el movimiento estudiantil según la pose o el tono de voz. El vaciamiento de propuestas políticas, el consiguiente abuso sistemático de poder económico y político por parte de las autoridades de la UMCE y la incapacidad total de luchar contra la neoliberalización total de la educación pública en el Pedagógico, fueron las consecuencias de una orgánica sin perspectivas ni marco organizativo. Es en este contexto que luchamos por la construcción de una Federación de estudiantes de verdad, donde el debate sea amplio, democrático y sin censura fascistoide alguna.


Creemos que el prejuicio anti-federativo es parte de un desconocimiento general sobre la historia del Pedagógico, en lo que a democracia estudiantil se refiere. Para resumir un poco esa historia, quisiéramos señalar tres hitos: la separación definitiva respecto de la FECH, en 1994, la fundación de la FEP en 1996 y la instalación de la “democracia directa” desde el 2002 hasta el 2004. Hoy, creemos que llegó la hora de producir un nuevo hito: la conformación de un nuevo instrumento federativo, la refundación definitiva de una FEP democrática y combativa, para luchar contra las desigualdades del neoliberalismo y contribuir a su derrota.

sábado, 22 de mayo de 2010

Políticas educacionales y neoliberalismo


Con la aprobación de la constitución de 1980, el sistema de educación en Chile, fue víctima de cambios profundos en toda su extensión, cambios que profundizaron la desigualdad social poniendo obstáculos de grueso calibre en el camino del acceso y, por lo tanto, del financiamiento, lo que se traduce en que los estudiantes que tuvieron acceso a una educación básica y media de calidad, es decir que contaban con los medios para costear colegios privados o bien asistieron a los llamados “liceos emblemáticos”, tienen más posibilidades de entrar y mantenerse dentro del sistema universitario. Es así, por ejemplo, como “2.834 estudiantes que provienen de familias con un ingreso superior o igual a $1.584.000 obtuvieron más de 700 puntos de promedio en las pruebas PSU de Lenguaje y Matemática. Mientras que este mismo puntaje lo obtuvieron sólo 300 alumnos de familias con ingreso menor a $144 mil.” (Estadísticas DEMRE)

Fueron las reformas implementadas en 1981 y 1982 las que dejaron el camino despejado para que la educación llegara a ser lo que es hoy, las que abrieron el camino a la privatización y la división de las universidades por regiones y áreas de conocimiento; agregando, además, la reducción del aporte estatal a las universidades públicas lo que potenció la búsqueda de medios de autofinanciamiento como lo son las matrículas y los aranceles que además suben año a año.

Fue con estas reformas también, que se implementó el AFI o Aporte Fiscal Indirecto que es entregado a “todas las instituciones de educación superior (…) cuyo criterio de distribución es la matrícula de los alumnos de primer año con los mejores 27.500 puntajes en la Prueba de Selección Universitaria.” (MINEDUC), lo cual intensifica aún más las desigualdades.

En nuestra universidad vemos reflejada de forma palpable la deficiencia e inequidad del sistema de educación chileno. El Aporte Fiscal Directo (AFD) que recibió la UMCE durante el año 2008 alcanzó sólo un 2,6%, y según cifras del MINEDUC del 2006, un 61,6% de los estudiantes de nuestra universidad pertenece a los tres quintiles más pobres. Es decir que el aumento de los aranceles y del valor de la matrícula, golpea fuerte a la gran parte de nuestros compañeros. Además, debemos recordar que estamos frente a un nuevo panorama nacional, con la elección de Sebastián Piñera y un nuevo ministro de educación quien representa al sector más conservador de la iglesia, el Opus Dei, y además es dueño de una universidad privada, la del Desarrollo. Estos hechos lejos de apaciguar la lucha por la defensa y recuperación de la educación pública, deben potenciarla y fortalecerla, especialmente dentro y desde nuestra universidad, ya que somos la universidad pedagógica de Chile.

El fracaso de la "Democracia directa"


En nuestra universidad, el ex-Instituto Pedagógico, se entabló desde finales de los años 90’ un fuerte debate sobre los modos de ejercer la democracia y la participación estudiantil. La discusión estuvo marcada por la diferenciación entre dos modelos de democracia; una “representativa”, y otra “directa”. Se llamó representativa, en este caso, a la democracia tradicional y al sistema de partidos, pero además a las grandes federaciones que funcionaban con una mesa directiva, un parlamento, una instancia informativa y resolutiva general abierta (tradicionalmente llamado “pleno”), consejeros y centros de estudiantes. Como resultado de este debate, los estudiantes de nuestra universidad implementaron, más o menos paulatinamente, el modelo que se le opuso a la llamada “democracia representativa”; la “democracia directa”. En reemplazo al aparataje federativo se instauró un sistema de asambleas y vocerías que partían desde las carreras, pasando por las facultades hasta llegar a una instancia denominada “consejo FEP” que la integraban los voceros de cada carrera, y la “asamblea general” que se suponía debía reunir a todos los estudiantes en pleno. Sin embargo, esta orgánica padeció de dos falencias que la llevaron al fracaso: un asambleísmo feroz y una reducción de todo trabajo político al trabajo asambleario, abriéndose el estudiantado a un rechazo a los partidos y las organizaciones políticas absolutamente injustificado y erróneo, toda vez que es un derecho agruparse en partidos para defender posiciones políticas colectivas.

Pensamos que el fracaso de la actual “democracia directa” se debe a esta errónea concepción de la democracia como la oposición entre lo “vertical” y lo “horizontal”. En realidad, cualquier democracia debe garantizar la participación directa de todos quienes se sientan parte de la comunidad, o de la “ciudad”, y debe otorgar representatividad a esas partes que están, generalmente, en desacuerdo. Además, debe tener espacios horizontales, y cierta efectividad vertical para responder a las urgencias políticas. Una federación que cumpla con esos requisitos es una tarea real y urgente de todos los estudiantes del Pedagógico. Tal fue, a nuestros ojos, la federación que, desde antes del golpe militar y hasta los años noventa, sacó a miles de sus hijos a la calle a luchar contra las injusticias y desigualdades del capitalismo.

Ernesto Salamanca Morales


Ernesto Salamanca Morales fue detenido y hecho desaparecer a los 25 años de edad. Estudiaba Filosofía en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile (actual UMCE), era poblador de La Legua y dirigente juvenil de la CUT. El 24 de Enero de 1974 fue detenido por agentes de la DINA junto a su hermano Gerardo Rubilar Morales de 20 años, ambos militantes de las Juventudes Comunistas de Chile.

El compañero Ernesto fue llevado a distintas casas de tortura, tales como Londres 38 y Tejas verdes, la última a cargo de Manuel Contreras. Aquí es donde se pierde la huella de Gerardo Rubilar y Ernesto Salamanca. Sin embargo, esa huella renace en quienes seguimos su legado y el de tantos otros que dieron su vida por un Chile más digno. Las Juventudes Comunistas del Pedagógico han puesto el nombre de “Ernesto Salamanca Morales” a su base en homenaje a este compañero, un luchador militante que cumplió con todo lo que requirió, en términos políticos, el momento histórico.

Hoy, llamamos a todos y todas a seguir la senda de este compañero, que soñó con un Chile para los más pobres y los trabajadores, que vivió y se entregó al proceso de democratización que significó la experiencia de la Unidad Popular, y luchó incansablemente durante los primeros años de la tiranía neoliberal de Pinochet.